Vista desde la ventana



El paisaje ha sido el primer espectáculo que se le otorgo al ser humano. Nace con la percepción del sujeto observador volviendo un objeto observado en una perspectiva estética que va desde la línea, forma, color, textura, dimensión y espacio.
El mayor de los sentidos con el que podemos aprehenderlo es la vista, que en mezcla con nuestra futilidad por no poder contener el cambio constante de este, surge la necesidad de plasmarlo en una fotografía que es para siempre. 

Tradicionalmente, la fotografía de paisaje emana de un sentido romántico por la representación visual de la tierra y el espacio en el que deambulamos, eventualmente evoluciona a una reflexión sobre el espacio, proveyendo un sitio de invención y creación, que nos lleva a un proceso de colonización. Opera de una manera nacional y global, creando historias distintas según nuestro entendimiento local o regional, dándonos una noción de establecimiento o apego con el lugar.

La naturaleza manipulativa del hombre y como el paisaje ha cambiado desde Ansel Adams y sus predecesores ha sido la repercusión a una corriente contemporánea fotográfica mas sociopolítica que resalta la negativa idiosincrasia de destrucción, explotación y degradación del medio ambiente, con el fin de generar nostalgia y un sentimiento de responsabilidad hacia el futuro. Se enfoca en crear una conexión con la tierra en lugar de un dominio sobre ella.

Podríamos decir que el paisaje no existe, si no que es producido a través de las miradas del observador y evoluciona tanto físicamente, como en la percepción del que lo ve y lo experiencia.  El paisaje está en todos lados, es todo lo que se encuentra debajo del sol, solo es cuestión de percibirlo, construirlo y definirlo. Debe de tener un propósito o motivo de ser y estar.

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