La Melancolía del Presente Expectador
La melancolía del presente espectador.
La dualidad es un elemento presente en la vida y se plasma
de una manera peculiar en la fotografía, cuando capturamos el presente que se
vuelve pasado a través de la obra, un portal de la melancolía que expresó para el
artista y vibra en el espectador.
Existe la disyuntiva entre la prohibición de la visión o el
acceso a un mundo que resalta los detalles, pone atención y energía en el
objeto que toma el papel de protagonista y con el paso del tiempo se diluye
volviendo la obra en un objeto de valor simplemente por estar.
Así como un cazador que cuelga la cabeza de su presa en la
sala, hacemos lo mismo cuando disparamos del obturador y conservamos,
publicamos, revelamos nuestro producto, nos otorga cierto poder en el mundo.
La cámara juega un papel relevante en el momento que se
transmuta a una arma y condena a la persona o el objeto a ser visto con la
intención deseada, nos limita a actuar y nos transforma volviéndonos jueces y
profetas de los sucesos que podemos capturar y que nos rodean, destapa lo que
está oculto, lo que vive entre las sombras para algunos y que en ocasiones se
siente limitado.
El poder que nos acerca a la sensación de un semidiós, una
ilusión que nos permite transformar las visiones y reinterpretar los
significados a las cosas preexistentes, cuando hablamos de accionar estamos
interviniendo eligiendo un bando entre ser el lente o el objeto, integrando un
nuevo lenguaje al que existe en la sociedad en que habitamos.
En el mundo de las imágenes hay libertad solamente que se
siente distinta toma otros tonos y matices, lo hermoso y lo feo se
desmaterializa integrando una nueva visión donde se vuelven uno, destruyendo la
estética y reinterpretando los estándares de belleza originales.
La fotografía se vuelve una confesión de todos los secretos
que pudieron ser, un estado de constante alerta, todos los sitios inhabitados
se vuelven comunes y es una idea drástica que se vuelve realidad cuando las
cosas se fotografían. Expresamos desde nuestra autenticidad lo que entendemos
de la vida volviéndolo una totalidad.
El ególatra que impone la visión y la hace determinante en
ocasiones atemporal, lo que valida la importancia de la documentación y pone en
un pedestal al autor. El narcisismo como instrumento de despersonalización que
aísla del mundo y nos transporta a uno exótico, aquel que para algunos puede
resultar familiar, nos acerca a las cosas que nos da miedo vivir alejándonos de
la realidad.
Las realidades se vuelven una ilusión cuando la interpretación
de la realidad se vuelve confusa y nos hace dudar, una fotografía contiene
emociones, palabras y vibraciones que se congelan para poder crear una escena
definitiva que toma los significados que se le quieran otorgar.
La fotografía suele ser inseparable de los desastres dentro
de las sociedades ya que genera una atracción a las cámaras, donde retratamos
todos los sucesos que nos reprimen, la sensación de estar a salvo como
espectador nos transporta de la imagen a nuestra realidad volviéndose un bálsamo
a las calamidades, la fotografía como medio de protección.
El realismo es la esencia de la fotografía no puede ser
abstracta y es algo que le permite ser, poner atención para capturar los
recuerdos y sensaciones del espectador que consigue la identificación
recurriendo a su propia vida, usurpando las realidades porque no solamente es
una imagen, es una reinterpretación de la realidad, un rastro directo que
documenta la existencia. La fotografía no solamente se limita a reproducir lo
real lo recicla y le da un nuevo valor, se les asigna nuevos usos, distintos
significados que trascienden.
En una sociedad capitalista como la que vivimos requiere una
cultura basada en las imágenes, la aspiración y el entretenimiento que
anestesia las mentes y estimula las compras, acopiando cantidades ilimitadas de
información y explota los recursos .
Las revelaciones que muestran la existencia como no la podíamos ver antes, la visión que nos aleja
de una única realidad y nos hace interrogarnos de la verdad absoluta pero finalmente
el valor radica en la justificación de la fotografía y la interpretación
adquirida de la misma.
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